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Agustín Sánchez Vidal: “La única razón por la que Orson Welles no acaba la película de El Quijote es porque España se le escapa de las manos”

Orson Welles apenas dormía dos horas para poder rodar El Quijote, una película que se empeñó en hacer sin contar con apoyos, que financió con su propio dinero y que finalmente no terminó. Murió pensando que era un fracasado por no haber podido finalizar ese viejo proyecto que le fascinaba. Le fascinaba porque a Orson Welles le fascinaba España, y por entonces no había pareja que mejor la representara que el hidalgo caballero de La Mancha y su fiel escudero.

Ese empeño del cineasta americano llamó la atención del escritor Agustín Sánchez Vidal. Quería averiguar por qué uno de los directores de cine más relevantes del siglo XX se obsesionó con El Quijote de Cervantes y con España, e inició un proyecto que muchas años después ha visto la luz; este sí.

El también catedrático de Historia del cine de la Universidad de Zaragoza presentó ayer en la azotea del museo Pablo Serrano su última novela, Quijote Welles (Fórcola ediciones), junto a Luis Alegre y la periodista de Aragón Radio Ana Segura. Un encuentro en el que el escritor contó algunas de las anécdotas que recopila esta novela repleta de historias. La obra radiofónica La Guerra de los Mundos, que le valió el éxito, no fue al cien por cien idea suya. En el programa de radio trabajaban muchos guionistas que contribuyeron a crearla, aunque él dirigía y marcaba el magacine con un sentido del ritmo que después trasvasó a sus películas, comentó.

Pese a sus casi setecientas páginas, la novela es una obra de lectura fluida, de pocas descripciones y muchas palabras dichas, igual que la obra de Cervantes, como indicó la periodista Ana Segura. “En el Quijote no se describen caminos polvorientos, pero se siente el polvo del camino y el secarral del paisaje”, es decir, no hacen falta los elementos descriptivos para que “las voces resuenen”.

A lo largo de su carrera, el autor, Premio de las Letras Aragonesas en 2017, ha profundizado en el misterio de la creación y en las inquietudes que llevan a los grandes genios a crear. El interés por la genialidad ha marcado su carrera y eso queda reflejado también en esta novela en la que, al mismo tiempo, “hurga” en las “entrañas de España y en el alma española”, y lo hace con mucho tino, como apuntó Luis Alegre.

Al igual que a Ernest Hemingway y a Ava Garden, a Orson Welles le gustaba España porque era un país pintoresco, explicó, pero, en los años sesenta, España no quiso seguir siendo un país atrasado ni pobre; quiso apuntarse a la sociedad del consumo, y eso es lo que se encuentra el cineasta en esa época, indicó. Huye de Hollywood y Hollywood le persigue. “Se encuentra con que el país se está americanizando en los años sesenta y ese conflicto mueve la novela”. “La única razón por la que Orson Wells no acaba El Quijote es porque España se le escapa de las manos”, el país ya no se reconoce en los personajes de Cervantes.

“A mí este país me fascina, me quita el sueño a menudo y me encanta otras”, de ahí que cualquier aproximación a España interese al escritor. Además, no quería que El Quijote fuera una lectura muerta, “quería vivificarlo y traerlo al momento en el que España vive un cambio profundo cuando entra en la sociedad del consumo, con todo lo bueno que eso tiene y todo lo malo”.

La presentación al aire libre apenas duró 45 minutos para que los asistentes pudieran preguntar, pero Agustín Sánchez Vidal podría haberse alargado todo lo que le hubieran propuesto. ¿Todas estas historias las tiene en la cabeza?, le preguntó la periodista. “Cuando escribes una novela tienes que soltar la documentación porque todo pasa por tu cabeza. Te acuestas con la novela y te levantas con la novela, la novela no se mezcla en el ordenador, se mezcla en la cabeza y es entonces cuando toma forma”.

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