Entrevista con...

Ana Alcolea: “No envidio en absoluto a las personas que tienen que tomar decisiones ahora mismo”

Ana Alcolea (Zaragoza, 1962), escritora de literatura infantil y juvenil, ha sido galardonada con el Premio de las Letras Aragonesas de 2019, un reconocimiento a su carrera que le sorprendió en Noruega, donde ha pasado el confinamiento y desde donde atiende esta entrevista en un extraño verano en el que, debido a la pandemia, ha tenido poca vida social.

Un tiempo que ha aprovechado para escribir mucho y vivir así otras vidas, mientras sigue atenta las noticias que llegan de España, donde la situación es muy diferente a la que ella vive en el país nórdico. Como profesora, oficio que ha desempeñado durante muchos años, señala la dificultad del momento y añade que no envidia en absoluto a las personas que ahora mismo tienen que tomar decisiones. “Está claro que un país no se puede parar y parar la educación es parar un país, pero hacen falta unas garantías de seguridad y, para eso, hace falta inversión a nivel nacional”, indica con cierta preocupación, hasta al punto de que si tuviera que empezar a dar clases, apunta, ella también estaría asustada.

Más allá del inicio del curso escolar, al que se tienen que enfrentar muchos de sus colegas y amigos, Alcolea tiene otra fecha en el calendario: mediados de octubre, cuando saldrá su última novela, El brindis de Margarita, esta vez (y no es la primera) para un público adulto.

¡Enhorabuena por el Premio de las Letras Aragonesas! No es el primer galardón que recibe, ¿qué supone éste para usted?

Es un premio especial porque que te reconozcan en tu casa siempre es un regalo y algo hermoso, y que reconozcan, además, a una autora como yo que ha escrito libros que leen jóvenes y niños es un espaldarazo a una literatura que, en algunos casos, se ha considerado menor, a mi juicio, erróneamente, porque realmente somos los que estamos haciendo que los niños lean para crear ciudadanos pensantes y libres. Estoy muy contenta y muy agradecida.

Su primera novela, El medallón perdido, se publicó en 2001. Su salto a la literatura no fue a una edad tardía, pero tampoco temprana. ¿Qué lo motivó? ¿Escribía ya antes?

Yo había hecho publicaciones didácticas, pero no pensaba nunca en escribir una novela. Pasó algo trágico: un primo al que quería mucho murió en un accidente de aviación en Gabón (Africa) y tuve la necesidad de escribir algo que tuviera que ver con él, que fuera la manera de mantenerlo vivo con las palabras. Lo escribí para mí, pero a los escritores nos pasa que cuando terminamos un libro, nos da un subidón de vanidad. Pensé en enviarlo a una editorial convencida de que me lo publicarían, pero no me lo publicaron; me dijeron que era demasiado blando. Me lo publicó la segunda editorial y ahora ya lleva 35 ediciones.

¿La escritura tiene un poder curativo ante situaciones difíciles?

Yo creo que sí. En estos tiempos difíciles, por ejemplo, mucha gente está escribiendo. Escribir no quiere decir que tengas que publicar inmediatamente, puedes escribir para ti, poner en palabras tus sentimientos, emociones, pensamientos… En todo este periodo tan terrible, a mí me está haciendo bien escribir, porque me meto en la historia y durante ese rato no pienso en pandemias. Nos saca de la vida cotidiana y nos hace vivir otras vidas.

¿Nos falta la costumbre de escribir para uno mismo, aunque sean diarios?

Ahora se está escribiendo mucho. En las redes sociales hay gente que escribe y comparte sus sentimientos. Yo de pequeña llevaba diarios. Tenía una disciplina de escribir o una rutina positiva que luego siempre ayuda. De todos modos, recientemente hice limpieza en casa de mis padres y los tiré, porque no me parecían interesantes y no me reconocía.

Quizá por eso los tiró, porque no se reconocía…

Quizá por eso, no reconocía a la niña que era…

¿Cómo influyen las lecturas de la infancia y la adolescencia en la obra futura de una escritora como usted?

Somos lo que comemos y somos lo que leemos también. Yo leía de todo cuando era pequeña. Ahora hay mucha literatura llamada juvenil e infantil, pero cuando tenía diez o doce años leíamos los grandes clásicos, como Julio Verne o los rusos. Yo me leí La iliada y La odisea con diez años y me lo pasé muy bien. Creo que la literatura no tiene edad. Un chaval de 12 años se puede leer La Iliada y no le va a pasar nada y un hombre de 50 años puede leer uno juvenil, y no se va a hacer más joven por ello.

Habla de la lectura, pero, ¿es diferente escribir para un público juvenil que para uno adulto?

Cuando escribo una novela, trato el tema que quiero. Ahora estoy escribiendo una novela que supuestamente va a ir alguna colección de literatura juvenil, pero me está saliendo una novela muy densa. En ese sentido, no estoy teniendo ningún cuidado en si va a ser para jóvenes. Huyo de las recetas, de los temas de moda, escribo lo que me apetece. Y me está saliendo una novela de marineros que cuentan sus aventuras a lo largo y ancho de este mundo. Eso es lo que me pide el cuerpo ahora mismo: reflexionar sobre la vida, la muerte, sobre el viaje, sobre el mar y todos sus símbolos…

Precisamente el viaje es un denominador común de muchas de sus novelas, ¿por qué es tan sugerente para usted?

La vida es un viaje y el viaje en la literatura siempre tiene ese valor simbólico de aprendizaje. En la literatura y en las religiones, el viaje es un aprendizaje, es una peregrinación, una purificación, una madurez… Te conoces más a ti mismo en un viaje porque estás en situaciones distintas de las habituales y tienes que tomar decisiones diferentes. Estás rodeado de un idioma que no es el tuyo, y eso no te protege. Te protege el idioma materno. El viaje está en La Odisea, en La Biblia, con los judíos en el desierto, en los libros sagrados y clásicos, y en toda la literatura universal.

He leído una frase de Antonio Muñoz Molina que me ha gustado mucho: “La lectura es el primer acto de rebeldía”. ¿La comparte?

Estoy completamente de acuerdo. Yo muchas veces les digo a los chicos que parece que el sistema no quiere que lean, porque inventa muchas cosas para que estén entretenidos, mientras que la gente de mi generación sí que leíamos porque no estábamos todo el día enchufados… Leer es un acto de rebeldía actualmente y lo ha sido durante mucho tiempo. El porcentaje de analfabetismo en Europa era brutal hace cien años. Aquel que se atrevía a leer era el que se atrevía a conocer, a poder pensar, a que su mente trabajara de otra manera porque las palabras alimentan el pensamiento. ¡Claro que es un acto de rebeldía!

¿Cómo se inculca en un niño el hábito de la lectura?

¡Si tuviera la respuesta! (Risas) Pero creo que si en una casa hay libros, si los padres leen libros, si el entorno es favorable a la lectura y los educadores se lo creen, el niño tiene más probabilidades de salir lector, con todas las excepciones de un lado y otro. Hay muchas casas en las que no hay libros, o sólo diez como mucho. Si no es un objeto cotidiano, si de pequeño no te han contado cuentos antes de saber leer, es muy difícil que disfrutes de ese mundo que te da la imaginación a través de las palabras. Si no lee, no va a tener esa capacidad de pensar de una manera crítica y se va a a creer cualquier barbaridad. Eso empieza en la cuna, cuando el niño se va a dormir y le cuentas historias.

Cómo docente, ¿cómo vive la incertidumbre con la vuelta al cole? ¿El colegio debe ser una prioridad también en estas situaciones?

No envidio en absoluto a las personas que tienen que tomar decisiones ahora mismo, porque son decisiones muy difíciles. Está claro que un país no se puede parar y parar la educación es parar un país, pero hacen falta unas garantías de seguridad y, para eso, hace falta inversión a nivel nacional. Ha habido recortes durante muchos años y ahora eso se nota. He sido profesora y jefa de estudios, y he visto aulas pequeñas con niños apretados y en las que ahora no se pueden mantener las distancias recomendadas. Las autoridades tienen un papelón enorme y entiendo la incertidumbre de mis colegas profesores. Si tuviera que empezar a dar clases, yo también estaría asustada porque no se puede delegar en los directores/as de los centros esa toma de decisiones, porque no son médicos, sino que tiene que haber unas pautas a nivel nacional que sean conjuntas.

En Madrid los docentes están planteando una huelga…

No lo sé, no sé si es útil… Porque tampoco se puede parar la educación.

Se habla de las consecuencias económicas, pero poco de las del parón en la educación…

El parón ha sido relativo porque los profesores y chavales han estado trabajando desde casa, pero ahí sí que hay que hacer una inversión porque no todo el mundo tiene los mismos medios. Ayer impartí una charla online para Colombia y los chicos estaban conectados desde sus casas. No pregunté si estaban todos, pero estaban en sus casas. Ahí no hay enseñanza presencial todavía.

¿Cuándo veremos en las librerías su próxima novela para adultos, El brindis de Margarita?

En torno al 15 de octubre. ¡Estoy muy contenta con ella! La novela recoge el punto de vista de las mujeres de mi generación, cómo vivimos la Transición siendo adolescentes y cómo la vivieron nuestras madres y nuestras abuelas. Cómo la vivieron nuestras madres, a quienes les castraron completamente la educación y la vida y a quienes, de repente, con la llegada de las libertades, les dijeron que todo lo que había sido su vida, sus virginidades para llegar al matrimonio, había sido un error. Sus hijos iban a ser libres, pero ellas no lo habían sido y se vieron en la tesitura de defender su vida porque todos queremos defender nuestras vidas. Que te digan que tu vida ha sido un error cuando tienes 50 o 60 años no es agradable para nadie. Ha sido muy duro escribirlo, muy intenso, porque ha sido un ajuste de cuentas. No es una novela complaciente con nadie.

¿Cómo se está viviendo la pandemia en Noruega?

Muy diferente a España, porque hay casos pero nada comparable con lo que está pasando allí o en otros lugares. Aquí no hay que llevar mascarilla. Se empieza a recomendar ahora para ir en el transporte público. Están demasiados tranquilos, aunque también hay poca gente y se vive de otra manera, no hay aglomeraciones. Ha empezado el colegio y, de momento, no han cerrado ninguno, aunque sí que están impidiendo las fiestas de jóvenes en casas.

¿Cómo está pasando este atípico verano?

Estoy en Noruega. Me vine en marzo cuando me anularon todas las actividades y charlas en institutos y colegios de España. Mi marido y yo vamos de la casa en la ciudad a la cabaña en la montaña, y lo estamos pasando cogiendo frutas del bosque, setas, haciendo mermeladas, caminando y escribiendo mucho, porque en esos ratos estoy absorta de todo lo demás. Y llevamos una vida muy asocial, a diferencia de otros veranos, porque se aconseja que no nos juntemos con amigos

¿Podremos celebrar la entrega del premio de las Letras Aragonesas en un acto como todos los años?

Todavía no tenemos una fecha. Se comentó que sería en octubre… Sería bonito hacer una entrega a la que pudiera acudir la familia, los amigos y la gente más íntima. Simplemente eso, algo que nos permitiera reunirnos. Una celebración de las letras aragonesas, pero veremos a ver…

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