Entrevista con...

David Lozano: “Parece que la hiperactividad va ligada a nuestras vidas cuando no necesitamos algo especialmente llamativo para disfrutar”

David Lozano (Zaragoza, 1974) tiene a sus espaldas una trayectoria de obras escritas y premios recibidos que le han hecho un hueco destacado en la literatura infantil y juvenil. Ahora, junto a Diego Chozas, se estrena en el Barco de Vapor con una novela, ‘El Fantasmatrón’, que no ha podido ser más oportuna. La historia está ambientada en Tediópolis, un país gris en la que, como describe el mismo autor, reina el aburrimiento, y aunque fue escrita antes de la pandemia, la casualidad ha querido que llegara a las librerías en pleno confinamiento.

Sobre la capacidad del ser humano para combatir ese tedio reflexiona el escritor aragonés en esta entrevista al hilo también de lo vivido en los últimos meses y se detiene también en los jóvenes, su público. Ellos no se han enfrentado a las consecuencias más terribles, argumenta, pero “su vida se ha detenido porque, en un adolescente, todo gira en torno a las clases, los exámenes, las notas…”.

Cuenta también que, en las últimas semanas, ha tenido mucho trabajo como gerente de Zaragoza Cultural, pero ha sacado hueco para ir a sus librerías de referencia. Cuando le preguntamos si sobrevivirá la cultura a este envite, contesta sin dudar. “Siempre, la cultura siempre sobrevive”, pero a continuación exige que se le dé “el trato que se merece”.

¿Ha podido ir ya a una librería?

Sí. Durante el confinamiento me preparé y participé en la plataforma de cheques. Lo hice con las librerías Cálamo y París, y fui en cuanto pude. Ahora me toca la segunda parte del tour, ir a otras dos librerías que me gustan mucho, como son Antígona y la Librería Central.

Su última novela ‘El Fantasmatrón’ es una historia para vencer el tedio con la imaginación y, aunque está escrita antes de la pandemia, no ha podido ser más oportuna, porque el confinamiento nos ha sumido a todos en un tedio absoluto…

Yo la escribí hace unos cuantos meses y no podía sospechar que, en el momento de la publicación, tuviéramos que afrontar ese tema en el presente. No todo el mundo está preparado para que el ritmo de actividad se pare de golpe y tengas que quedarte en casa.

Es una llamada a disfrutar, a divertirse…, ¿se puede en estos tiempos?

¡Sin duda! Los protagonistas de mi novela viven en un mundo llamado Tediópolis, donde está prohibida la diversión y la imaginación. Es todo muy gris y parece que hay que aburrirse por obligación. En ese sentido, sí es una llamada a recuperar nuestra capacidad para disfrutar, sin tener que depender de una agenda intensa o de salir de casa… Parece que la hiperactividad va unida a nuestras vidas y, a veces, no es así. No necesitamos escenarios especialmente vistosos, es decir, tu propia casa puede bastar y, al final, todos tenemos la capacidad de disfrutar de un día sin algo especialmente llamativo.

¿Ha visto ya su libro en las librerías?
Todavía no, cuando fui, nuestra novela, porque la he escrito con Diego Chozas, no había llegado todavía. A mí sí que me han llegado los ejemplares, pero todavía no los he visto en escaparates. Me falta eso para tener todavía más ilusión.

¿Cómo ha sido escribir una novela al alimón?

Ha sido un desafío. Antes pensaba que era imposible, que no hay nada más íntimo y más personal que tu propio estilo a la hora de construir una historia. Pensé en Diego porque podía aportar mucho a la historia: su forma de imaginar, su humor, su toque de realismo mágico… Venía muy bien para esta colección. Ha sido un excelente compañero. Los dos nos hemos respetado mucho y, de una manera muy constructiva, nos apoyábamos y nos ayudábamos.

¿Cómo lo han hecho?, ¿cada uno escribía una parte?

Por si fuera poco difícil, teníamos un hándicap añadido y es que él vive en Brasil. Teníamos reuniones por Skype en las que poníamos de acuerdo aspectos generales de la trama, del tono, de ese mundo Tediópolis que hemos creado. Cuando ya lo tuvimos diseñado y nos pusimos a redactar, nos íbamos pasando la pelota. El escribía un capítulo y me lo pasaba, y yo lo revisaba y avanzaba más. De esa forma, conseguíamos un tono uniforme en la novela, que es una de las dificultades de escribir a cuatro manos, que el lector no note que hay dos voces narrativas.

Se habla poco de las consecuencias de esta crisis y del encierro para los jóvenes. ¿Cómo cree que les está afectando?

El monopolio de la atención se lo ha llevado la salud, como es lógico, y el ámbito económico. Los jóvenes no se han enfrentado a las consecuencias más terribles de la pandemia, pero es verdad que su vida se ha detenido porque, en un adolescente, todo gira en torno a las clases, a los exámenes, a las notas… No lo han pasado nada bien, efectivamente, y ahora lógicamente están preocupados.

Contar historias que atrapen al público joven requiere conocer sus inquietudes, preocupaciones, gustos… ¿Cuáles son esos elementos que definen a estas generaciones y que también aparecen de alguna forma en sus novelas?

La verdad es que el lector juvenil y adolescente es un juez severo. Tiene menos compasión que el adulto, que es más sosegado. Una historia que enganche a un lector joven tiene que convencer casi desde el principio. Un joven, como en su propia vida, busca vivir emociones intensas. Eso es algo muy característico y eso hay que trasladarlo al papel. Un libro que enganche tiene que permitir al joven vivir con intensidad, lo que implica cuestiones de estilo, como un ritmo intenso y transmitir emociones fuertes.

¿Y cuáles son esas emociones?

Jugamos con el amor, porque no es casualidad que lo sentimental y lo romántico tenga éxito en el perfil joven. También con lo fantástico, el miedo y el suspense, como las novelas que yo escribo, porque lo inquietante, las situaciones de riesgo, las amenazas también es otro de los territorios que les gusta. Mi suspense está vinculado a lo real, es decir, no juego tanto con la fantasía y no me invento monstruos o escribo vampiros, que está fenomenal, sino que juego con amenazas realistas, situaciones de peligro que sí se pueden producir en la vida real, y ese tipo de contenidos les gusta mucho.

Con el parón en la escuela, ¿es buen momento para que los jóvenes redescubran la lectura ahora que tienen más tiempo?

Llega un momento en que hay tantas horas que hay tiempo para todo. El problema de los jóvenes es que son consumidores compulsivos de todo. Al que le gusta los videojuegos se pueden pegar catorce horas, pero si en casa hay una gestión razonable, habrá habido tiempo para todo: videojuegos, leer, chatear, videollamadas… Sí me consta que ha habido un aumento de la lectura porque he recibido mensajes de jóvenes que me han contado que han vuelto a leer una de mis novelas… Ahora el reto está en que ese redescubrimiento de la lectura continúe después.

Habla mucho del placer de leer. ¿Qué le parece el sistema de puntuación Ranopla utilizado en muchos colegios?

A mí lo de estimular con incentivos, dentro de lo razonable, me parece estupendo. Se trata de que ellos descubran el placer de leer y, muchas veces, el joven necesita un empujón. Eso lo he notado mucho. A veces me preguntan sobre el porqué de la obligación y la respuesta es que de ellos no va a salir. Yo les animo a empezar y la verdad es que luego reconocen que si no les hubiera obligado, no habrían leído un libro que les ha gustado mucho. Lo ideal sería que no hiciera falta, pero hay que jugar con la realidad. En otros ámbitos no hace falta ese empujón, pero en la lectura sí.

Usted es también profesor. ¿Cambiará esta crisis la forma de impartir clase?

Esta situación sí que obliga a hacer una reflexión sobre la metodología, sobre qué hay que enseñar y cómo, y, sobre todo, qué recursos tenemos para la actividad docente. Esto tiene que ir más allá de poner un Power point o una webcam. Esto requiere una mayor formación del profesorado, y recursos y técnicas que permitan de forma eficaz que el niño aprenda. Porque no nos olvidemos de una cosa: ya no es tanto cómo evaluar, sino el aprendizaje. A veces, veo a profesores obsesionados con la puntuación, cuando lo esencial es que encontremos un sistema para que el niño aprenda.

¿Puede ser este un buen punto de inflexión para que el sistema educativo avance?

Hay muchos frentes abiertos: el metodológico y el de contenidos. Yo, como profesor y como escritor, estoy harto de que, en la enseñanza de la Lengua, sigamos obsesionados con la sintaxis a niveles muy tempranos, de tal forma que te encuentras con un chaval que está aprendiendo las subordinadas sustantivas y todavía no lee bien, no escribe bien, no tiene comprensión lectora o habilidades comunicativas. ¡No puede ser! Yo retrasaría la sintaxis mucho más y dedicaría todo Primaria y parte de Secundaria a leer y escribir. El sistema adolece de aspectos mejorables, aunque también ha habido mejorías. Un ejemplo es que en los planes lectores de los institutos se ha incorporado literatura juvenil para disfrutar, no sólo clásicos. La lectura por placer tiene que ser una prioridad para el profesor de Lengua.

¿Leía de pequeño los libros del Barco del Vapor?

Claro, por eso esta novela me hace tanto ilusión, como cuando gané el Premio Gran Angular de Juvenil (Donde surgen las sombras, en 2006). Son sellos que yo vinculo con mi infancia y con mi adolescencia.

Hemos visto hace poco el documental del Papa Luna en Aragón Tv, del que es también es guionista. Toca muchos palos, ¿cómo llega a todo?

Van pasando los años y voy acumulando experiencias, pero tengo que decir que no lo he hecho todo a la vez. Soy muy organizado para el tiempo, es verdad. Pero cuando trabajaba en el documental sólo estaba con eso. No estaba con novelas, y no es la primera vez que me retraso en entregas… Ahora que trabajo con responsabilidades de Cultura ya te puedes imaginar que la escritura ha bajado.

¿Ha podido escribir en el confinamiento?

Mi confinamiento ha sido raro, porque como gerente de Zaragoza Cultural he trabajado mucho. He podido escribir un poquito pero poco, porque para escribir hay que estar en lo que tienes que estar. Y he estado muy preocupado, ha habido cancelaciones de actividades y veo la situación de los artistas, los cineastas, los músicos…

¿Sobrevivirá la cultura a esta crisis?

Siempre, siempre sobrevive, pero llega un momento en que uno se plantea cuándo vamos a empezar a tratar bien a la cultura. El problema en España es que tradicionalmente la cultura, me da igual el Gobierno del que hablemos, no ha recibido el trato que merece. Si uno se fija en Francia, allí ha habido siempre una política de defensa de la cultura francesa que da gusto verla. En España, en cambio, la cultura no ha sido bien tratada. Por eso, en una crisis como ésta, los políticos tienen que pensar que ya es el momento de darle el respeto y el rango que se merece. La cultura es muy vulnerable. No puede ser que queramos buenas películas, buenos libros o buenas canciones si por parte de la ciudadanía y a nivel político no hay respaldo.

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