Entrevista con...

Fabiola Hernández: “La gente necesita la cultura para sobrevivir porque si no, la vida se hace asfixiante”

La periodista Fabiola Hernández, editora de los informativos de Aragón Tv, publica el 9 de junio su segunda novela, ¿A quién esperaba Carlota March?, con la que cambia totalmente de registro y de escenario. De una novela de aventuras pasa a un thriller policíaco y del paisaje africano a uno rural de la España vacía. La trama se desarrolla en Ancina, un pequeño pueblo imaginario, que bien podría ser cualquiera de los municipios despoblados de Aragón. En esta trama, como dice su propia autora, el pueblo es, en sí mismo, un protagonista, tanto es así que el crimen narrado es sólo una excusa para hablar de algo que a la autora le ronda la cabeza desde hace tiempo. “La forma en la que el medio en el que vives condiciona tu vida”. Lo sabe bien porque vivió hasta los 18 años en un pueblo turolense de 200 habitantes.

Hace un año presentaba su primera novela, ‘Los protegidos de Modimo’, y ya tenemos la segunda. ¿Cómo lo ha hecho?

Digamos que es un poco espejismo, porque la anterior llevaba tiempo escrita. Publicar la primera novela cuesta mucho.

Ha pasado de una novela de aventuras juvenil a una novela policíaca para adultos. ¿Le ha costado ese cambio de registro?

No, yo creo que este es más mi medio natural. El hilo conductor de la trama es la investigación de un asesinato, pero eso es como una excusa para introducir algo sobre lo que que yo he reflexionado en mi vida de mil maneras: la forma en la que el medio en el que vives condiciona tu vida. En Aragón, sabemos muy bien lo diferente que es vivir en un lugar pequeño que en uno grande. En los pueblos no eres sólo tú, sino que eres «el hijo de» o «el nieto de», y eso al final acaba influyendo de una manera muy directa en tu forma de entender la vida y de actuar. En este caso, construir una trama de misterio es casi una excusa para hablar de esto.

¿Es lectora de novela negra?

No tanto, fíjate. No soy tanto lectora de novela negra como espectadora de cine. Me influye tanto lo que leo como lo que veo. Leo otro tipo de literatura, con tramas menos preponderantes y más de historia que invitan a la reflexión, aunque leo de todo.

El escenario elegido para su segunda novela es también totalmente diferente. De África pasamos a un pequeño pueblo…

Me marcaron mucho los viajes que hice a Tanzania cuando era directora de Comunicación de Dinópolis. Se me quedó muy grabada la sensación de que nos estábamos cargando el planeta y eso me sirvió para mi primera novela. Pero yo viví hasta los 18 años en un pueblo que entonces tenía 200 habitantes, un barrio pedáneo de Teruel. Ese es mi medio natural, el que yo conozco y donde he vivido mi infancia, y ya sabes que la infancia marca mucho.

En sus dos novelas el lugar cobra un gran protagonismo…

Sí, efectivamente, los escenarios, en mis novelas, son siempre un personaje más. En la primera, África era un lugar determinante. La historia resulta creíble o más factible allí que si la hubiera ambientado en España, y en esta pasa exactamente lo mismo. El pueblo donde se desarrolla la trama, que es imaginario aunque se identifica con cualquier pueblo aragonés, es un actor de carne y hueso en sí mismo.

No es lo mismo contar una noticia que una novela. ¿Qué despertó su vocación de escritora?

En realidad, creo que fue al revés. Me recuerdo desde niña queriendo escribir ficción y participando en los concursos de redacción del colegio. Digamos que el periodismo vino después, que mi primera vocación es la literaria. Ha tardado un poco pero al final ha salido a relucir. La ficción me permite reflexionar sobre la naturaleza humana, que a mí me interesa muchísimo. Me siento más libre con la ficción que con el periodismo, porque en el periodismo el rigor es fundamental mientras que la ficción tiene otras claves.

¿Escribir te expone más que ponerte delante de una cámara?

Sí, porque cuando te pones delante de una cámara tienes un pedazo de equipo detrás haciendo su trabajo con el máximo rigor, y eso te da un parapeto importantísimo. Te coloca detrás de la barrera. En cambio, cuando escribes ficción, te desnudas mucho más, porque, al final, acabas volcando en los personajes algo de ti mismo para conseguir empatizar con el lector.

Como editora de informativos, ¿qué espacio ocupa la literatura y la cultura en las noticias?

Tendría que ocupar más, aunque a veces es complicado. Cuando empecé a trabajar en Aragón Tv, me dijeron: «olvídate de tus gustos y piensa en lo que les gustaría ver a los demás». Creo que los medios de comunicación hemos olvidado la práctica de marcar agenda. Si los medios hicieran algo más por llevar la cultura a las casas de la gente, la gente también se interesaría más. La directora que tenemos en Aragón Tv, por ejemplo, (Carmen Ruiz) es una personal especialmente interesada por la cultura y consigue abrirle hueco, pero cuesta, porque es hasta incluso un hábito…

Pocas veces una noticia de cultura abre un informativo…

Muy pocas. Cuando se recuperaron los cascos de Aranda…, pero han sido cosas muy concretas. Los hechos culturales cierran los informativos y no los abren. Simplemente, ese hábito de colocarlo al final de una escaleta hace que tenga una consideración menor cuando en el confinamiento se ha demostrado que la gente necesita la cultura para sobrevivir porque si no, la vida se hace asfixiante. Yo escuché hace tiempo que los científicos trabajan para alargar la vida de las personas y los artistas para ensancharla, y creo que es una frase acertadísima. Si tenemos las necesidades básicas cubiertas, la cultura juega un papel fundamental en la vida, porque hay muchas formas de cultura, y los medios de comunicación no están dando la respuesta que deberían.

En la promoción de su novela en Twitter usas el hashtag #MujeresEscritoras. ¿Quería resaltarlo?

Sí, soy militante feminista y pertenezco al club de opinión de La Sabina desde hace diez años. Es una causa que pongo de relevancia en todo lo que hago. Cuando edito informativos, también. Tengo una especial sensibilidad con el tema. A lo largo de la historia de la literatura, y en todos los campos, la mujer ha estado relegada a un segundo plano. En los últimos años, en la literatura, se está empezando a remediar, pero nunca está de más seguir reivindicándolo, porque la realidad nos dice que una no se puede relajar, porque arramplan con tus derechos.

En la anterior novela hablaba de la naturaleza. ¿Le preocupa que esta crisis deje la lucha contra el cambio climático en un segundo plano?

Ya está pasando, lamentablemente. Cuando tienes una prioridad tan acuciante como es la salud, cualquier otra cosa pasa a un segundo plano. La saturación de plásticos como consecuencia de esta pandemia, por ejemplo, puede estar justificado un tiempo pero luego hay que volver a colocar las prioridades. Si no somos más conscientes del daño que le estamos haciendo al planeta, él nos lo va a devolver de una manera o de otra. No me atrevo a decir que esto sea una consecuencia directa del cambio climático, pero sí un motivo de reflexión. Ahora deberíamos poner otra vez en contexto nuestra forma de vida y actuar con respecto a lo que nos rodea. El balance no es optimista.

¿Ha podido escribir durante los largos días del confinamiento?

He leído más que escrito. No he dejado de trabajar y eso ya cambia las cosas. Es verdad que no he escrito mucho. La ansiedad y sensación de incertidumbre por la situación no me ayuda a concentrarme. Lo que sí que he hecho ha sido leer y eso consigue transportarte a otros lugares y olvidarte por un momento de los problemas.

¿Qué ha leído?

Libros que tenía pendientes, como La mujer singular y la ciudad de Vivian Gornik, o Los asquerosos de Santiago Lorenzo, una obra muy original, contada con ironía y sacarsmo.

Volviendo a su novela. ¿A quién esperaba Carlota March?

¡Eso lo vais a tener que descubrir vosotros! Yo creo que una de las cosas más originales de la novela, y que estoy segura que es lo que más va a gustar, no es tanto descubrir a quién esperaba Carlota, sino por qué esperaba, por qué suceden las cosas y por qué los protagonistas y la gente del pueblo actúan así. Lo que más me gusta de una historia es que te dé un motivo para pensar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *