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Javier Cercas: «Las verdades de la literatura son ambiguas»

Un escritor antes de ser escritor es lector, y Javier Cercas lo fue. Un lector infatigable que siendo adolescente leyó todas las obras de Miguel de Unamuno, lo que le sumó en un caos personal del que todavía no ha salido y que, al mismo tiempo, despertó su vocación de escritor. En los libros buscaba un sucedáneo de las certezas que la religión le había dado en su infancia, pero no tardó en descubrir que las verdades de la literatura son “ambiguas y contradictorias”. Son, en resumen, “poliédricas”.

De todo ello ha hablado el escritor extremeño, Premio Planeta 2019 por Terra Alta, en el ciclo Martes de libros de Fundación Ibercaja, en el que a través de la pantalla ha conversado con el periodista, y también prolífico escritor, Jesús Marchamalo.

Desde su casa en Verges, un pueblo “minúsculo” de la provincia de Gerona, cerca de la frontera con Francia, donde “afortunadamente” ha pasado el confinamiento, Cercas (Ibahernando, Cáceres, 1962) ha hablado de su último libro Terra Alta, de la incertidumbre en la que la pandemia ha sumido al mundo y del oficio de escritor. De fondo, una librería “medio vacía”, pues, como ha reconocido, muchos de sus libros están todavía en cajas y su biblioteca se encuentra repartida “en muchos sitios”.

Rodeados de ellos ha pasado un confinamiento “la mar de feliz”, leyendo y trabajando, aunque con cierta sensación de “desasosiego” por los momentos más duros. “La ratio de muertes diaria duplicaba la de la Guerra Civil”, ha afirmado para ilustrar la gravedad de una situación que, por otro lado, no es “nueva” en la Historia.

“No somos los primeros seres humanos que padecemos una pandemia de este tipo, las recordamos mucho más letales y catastróficas, aunque quizá sí somos los primeros que nos hemos encerrado en casa y hemos salido a una realidad que sigue siendo la misma”, ha reflexionado. Para Cercas esa realidad es “leer, escribir, ver películas y pensar en las musarañas”, porque, según sus palabras, eso es lo que hace un escritor cuando no viaja por el mundo para ayudar a la editorial a vender ejemplares.

A punto de cumplirse veinte años de su éxito Soldados de Salamina, un fenómeno traducido en más de 30 países, Cercas echa la vista atrás agradecido, por un lado, porque ese libro le permitió dedicarse a la literatura y satisfecho, por otro, porque el éxito no acabó con él. “Estoy orgulloso de haber sobrevivido a él”, porque no son pocos los autores que han muerto de éxito. “Por fortuna mis libros posteriores han funcionado bien”, ha comentado.

También lo está haciendo su última novela, Terra Alta, un thriller que presenta un enigma claro en la primera página, cuyo misterio se resuelve en la última, pero que, como todas buenas novelas, esconde otro más profundo que el autor no contesta: “¿Es legítima la venganza cuando la justicia no nos hace justicia? Cercas la deja sin respuesta con un propósito: quiere que “el lector ponga en duda sus propias certezas” y mostrar, a sí mismo y a los demás, que los seres humanos y las cosas son mucho más complejas de lo que pensamos.

Todo esto encierra una novela entretenida, divertida que se lee apasionadamente pero que, al mismo tiempo, plantea asuntos serios, como las obras que al propio autor le gusta leer. “La novela más divertida del mundo es la más seria del mundo, y es el Quijote, las dos cosas no son incompatibles”, ha señalado.

Para el lector esta novela es un experimento, que tendrá continuidad, a cargo de un protagonista, Melchor Marín, que quiere seguir “vivo” en nuevas y próximas historias. Quizá, este apego al personaje por parte de su autor es porque él mismo ha volcado en él “aspectos absolutamente personales” que no suele contar de manera directa, ha reconocido, pero sí en la ficción.

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