Presentaciones

Julián Casanova: “Las naciones son reacias a desenterrar pasados perjudiciales para su imagen”

Julián Casanova (Valdealgorfa, Teruel, 1956) ha presentado su último libro, Una violencia indómita: el siglo XX europeo, de la misma forma a la que nos ha acostumbrado durante el confinamiento y a la que casi obligan estos tiempos. A través de sus redes sociales, mirando a cámara y sin superar los treinta minutos, el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza ha dado las pinceladas de su último trabajo de investigación, que va más allá de un relato de hechos ordenados cronológicamente. Pinceladas que Casanova siempre aporta con rigor, poniendo en valor el trabajo documentado y exhaustivo de quien acude a las fuentes para encontrar conocimiento.

En lugar de transitar por las autopistas por las que se mueve la historia política, económica y militar, Casanova viaja también por “carreteras secundarias” para ver el paisaje real: la historia con mayúscula, la de los grandes personajes, y la historia con minúscula, la de las víctimas, los verdugos…

Tras ese tránsito concluye que no hay una “única Historia europea”, hay “múltiples Historias que se entrecruzan y se interponen”, y en las que siempre aparece la ideología, la raza, la nación o el género como elementos importantes.

El análisis que propone rompe con la visión de las dos mitades del siglo XX: una muy violenta y otra muy pacífica, y con el enfoque exclusivamente occidental que ignora los procesos históricos de una amplia región de Europa Central, Europa del Este y de los países mediterráneos. Para Casanova la violencia de la I Guerra Mundial no acabó en noviembre de 1918, sino que continuó con una brutalización de la política, una glorificación de las armas, un culto la masculinidad y la no aceptación de la derrota. “Lo que había sido común en las trincheras continúa durante un tiempo después de 1918”, ha destacado. Lo mismo ocurrió, ha añadido, con la II Guerra Mundial: tampoco finalizó en 1945. Tras ella hubo sistemas de persecución, sentencias de muerte, prisiones, trabajos forzados… Pero esa violencia que finalmente sí desapareció en Europa occidental, no lo hizo en Portugal, España o Europa del Este. Tampoco desapareció después de la caída del muro de Berlín. Cuando se creía que toda Europa por fin iba a ser democrática, estalla la guerra en Los Balcanes, de nuevo con “limpieza étnica, violencia sexual, exterminio de la raza o la religión como elementos fundamentales”. “En Yugoslavia se combinan muchas de las cosas que aparecen en el libro y la gran paradoja es que ocurren en los años noventa”, ha argumentado.

En su epílogo, Casanova sostiene que Europa tiene pasados fracturados. Se cruzan las memorias por arriba y por abajo, por la izquierda y por la derecha, en cuestiones de nación e ideología, y advierte de una utilización política del mismo, al tiempo que anima al espectador a diferenciar entre Historia y memoria, entre subjetividad y hechos documentados. En definitiva, “a mirar al pasado con libertad” . “Cuando la mayor parte de los políticos conmemoran el pasado lo que hacen es utilizar el pasado para ver de qué forma les sirve para el presente. La función del historiador es justo la contraria”, ha enfatizado.

Pero ocurre que, al contrario que las luchas heroicas y las celebraciones de grandeza, los pasados traumáticos de violencia indómita «no se prestan a relatos fáciles o de autobombo». Tanto es así que, según sus palabras, las naciones son «reacias» a desenterrar pasados que se perciben perjudiciales para su imagen. “Ahí está Putín y ahí está también la cantidad de gente que sólo quiere recordar el pasado glorioso; lo hemos visto muchas veces a propósito de la Guerra Civil en España. Mucha gente tiene problemas para sacar a las víctimas de las cunetas, algunos creen que es remover el pasado, pero no tienen problema hablar de los Reyes Católicos, los dinosaurios o la España romana”, ha matizado.

Por último, Casanova introduce también un elemento del que cada vez habla más en sus exposiciones: la violencia sexual contra las mujeres, y no es casualidad que empiece el libro con el asesinato de la emperatriz del imperio astrohúngaro Isabel de Baviera y lo finalice con un relato de la violencia de las mujeres musulmanas en una pequeña ciudad de Bosnia en 1992. De la violencia contra reyes y tiranos, se pasa a lo largo del siglo XX a una violencia de masas, a la eliminación de grupos definidos por la clase, la raza o la nación.

De todo ello habla el historiador turolense en este nuevo ensayo, publicado por la editorial Crítica, que ya se encuentra en las librerías del país, a las que ha vuelto a agradecer su trabajo, más si cabe en una situación tan complicada como la actual. Y ha tenido una mención especial para las que han colaborado en esta presentación online: Antígona, Cálamo y París .

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *