Entrevista con...

Luis Zueco: “Menospreciamos el pasado, pensamos que estamos por encima”

Luis Zueco (Borja, 1979) publicó su última novela El mercader de libros en el “peor momento”, días antes de que se decretara el estado de alarma y el país entero se confinara. Las presentaciones y las ferias del libro, que con tanta ilusión esperan al año los escritores/as, quedaron en suspenso sin saber a ciencia cierta cuándo volverán. Pero en este tiempo la novela se ha leído sin necesidad de promoción. Lleva meses en las librerías, y ya tiene vida propia. ¿Será porque es un homenaje a los libros? El autor cree que sí, por algo está ambientada en la Colombina, considerada la primera biblioteca moderna, como explica en esta entrevista que atiende por teléfono desde el castillo de Bulbuente. Seguramente ésta no es la única razón y su firma tiene también mucho que ver en ese éxito.

Este escritor aragonés, autor de la trilogía El Castillo, La Ciudad y El Monasterio, defiende el humanismo, el conocimiento transversal, y él mismo lo pone en práctica. Ingeniero, historiador y restaurador mira otras épocas para entender el presente en una sociedad, afirma, que olvida el pasado “con mucha facilidad”. “Concebimos la Historia como algo lejano y creemos que no podemos aprender nada de ella”, sostiene.

¿Este libro es un homenaje a los libros?

Es un homenaje a la difusión del libro. Hasta que no se inventa la imprenta, los libros están en manos de muy poca gente. La gran revolución de los libros, más que la invención, es la difusión y eso se produce en el siglo XVI. Por eso, la novela es un homenaje al mundo del libro.

¿El afán por controlar la información se da ya en los primeros años de la imprenta?

La imprenta surge para replicar manuscritos de forma rápida. Antes eran caros y un objeto de lujo. Lo que buscan con la imprenta es ganar dinero a través de los libros, pero pronto se dan cuenta de que tienen algo más entre manos: la posibilidad de difundirlos a gran escala por primera vez en la Historia. El poder no trata de prohibir ese progreso, sino que intenta controlar la información, como se hace ahora. Desde el principio, se dan cuenta de que la imprenta tiene un poder tremendo y que lo que hay que hacer es controlarla.

En la novela aparece el poder de la información, pero también el de la banca. ¿Qué influencia tenía?

Desde el siglo XVI tampoco han cambiado mucho las cosas, porque el poder económico siempre ha estado ahí. Si quieres ser emperador en el siglo XVI, necesitas mucho dinero del mismo modo que si ahora quieres ser presidente de un gran Estado, necesitas tener detrás un músculo económico. Sucedía entonces y sucede ahora. Lo que ocurre es que nos dejamos llevar por una idea más épica cuando pensamos en la época medieval. Nos centramos en las batallas, reyes, coronaciones…, pero eso había que pagarlo, y ahí estaba el poder económico.

La novela está ambientada en la Colombina, considerada la primera biblioteca moderna donde Hernando Colón, hijo de Cristobal Colón, atesoró miles de volúmenes. ¿Los ha podido consultar?

Sí, fui allí y estuve consultando una parte de los libros más curiosos. Lo bonito de la Colombina es que puedes ver perfectamente la evolución del libro. Al principio, los libros impresos parecen manuscritos y, de forma muy rápida, cambian a ejemplares de grandes tiradas.

¿Qué descubrió allí?

Hernando Colón tenía también libros de su padre, porque Cristobal Colón fue también mercader de libros. Hay un libro dedicado a Colón por Erasmo de Rotterdam, que puede ser uno de los primeros libros dedicados, porque en esa época no existía esa costumbre. Hay también uno muy curioso, un libro sobre los viajes de Marco Polo que está lleno de anotaciones manuscritas por Cristobal Colón, aunque no sabemos si lo hizo antes o después de los viajes al Nuevo Mundo.

¿Cómo es el proceso de documentación en una novela histórica?

Es esencial y, a veces, lleva más tiempo que la propia escritura. Yo intento buscar primero una trama y la época en la que mejor podría funcionar. Después, comienzo a documentarme y, en ese proceso, empieza a salir información. Cuando ya tengo toda la información, voy a lugar a contrastar. En este caso, fui a Sevilla en la que, por suerte, todavía se puede identificar y recoger el espíritu de la ciudad en el siglo XVI.

¿Sevilla era en la práctica la capital de España o de Europa en ese momento?

Sí, dicen que era el Nueva York de la época, el lugar donde todo el mundo quería ir. Tiene el monopolio de los viajes a América y de todo lo que llega de allí. Es difícil de imaginar, pero sería algo parecido a si ahora se empieza a colonizar Marte y todo se centralizara en una ciudad. Sevilla crece a una velocidad tremenda y, por eso, tiene una catedral tan enorme. Se convierte en un lugar con mucha riqueza y con una parte más oscura, que también sale reflejada en la novela.

En esa época eran frecuentes las epidemias y ahora hemos vivido una y nos ha pillado desprevenidos. ¿Nos creíamos invencibles?

En estas épocas antiguas, las epidemias eran habituales. No sé si estaban preparados, pero sí sabían que podía pasar, que eran peligrosas y que podían acabar con una ciudad entera. Nos habíamos creído que eso ya se había pasado o estaba superado, y nos hemos dado de bruces con la realidad. Y, al final, hemos acabado utilizando los mismos métodos de aquella época como la cuarentena.

¿Olvidamos con frecuencia nuestro pasado? ¿Olvidaremos también esta pandemia?

Olvidamos el pasado con mucha facilidad, es un mal que tenemos. En el fondo, los libros nacen para que no ocurra eso, para que las generaciones futuras tengan un registro de lo que ha sucedido. Tenemos un gran problema como sociedad y es que nos olvidamos de la Historia. No leemos lo suficiente. Concebimos la Historia como algo lejano y creemos que no podemos aprender nada de ella cuando es todo lo contrario. Realmente es muy difícil que surja ahora algo que no haya sucedido antes. No sólo las epidemias, hay también problemas económicos o migratorios que ya han sucedido.

¿Cuáles son las razones por las que conocemos poco nuestra Historia?

Yo creo que es un poco de todo. Puede ser que no se explique bien en los colegios. La Historia no es una sucesión de reyes y batallas, sino que es mucho más complicada, ya que entran en juego más cosas. Los cambios climáticos, por ejemplo, han influido muchísimo. Cinco años de un clima extremo en un país puede provocar la caída de un Gobierno. Es verdad que igual no se ha enseñado bien, pero creo que hay algo más profundo que lo explica: un menosprecio al pasado. Pensar que estamos por encima, que eso ha quedado atrás y que los de antes no sabían nada. Hay más de un factor y de profundas raíces.

¿Nos ha faltado una visión más humanista en esta crisis?

Hemos abandonado las ideas del Humanismo. Nos centramos demasiado en una cosa y nos olvidamos de la idea global que se tenía en el siglo XVI cuando un filósofo era matemático, militar, político y poeta… Ahora eso es impensable, no me imagino ahora así a un político.

Hay quienes critican al ministro Illa por gestionar la cartera de Sanidad siendo filósofo.

Es por esa idea que tenemos de que hay que ser muy especialista para un tema. Nos olvidamos mucho de las Humanidades, las despreciamos. Tiene que ser todo muy científico, y eso es un problema. Por ejemplo, casi nadie sabe de economía, eso nos quedó muy claro con la crisis. Pero si no estudias Económicas, no estudias Economía cuando debería ser algo más transversal. Un economista deber saber mucho de Historia y un político, también.

En la novela aparecen coleccionistas de libros y, durante el confinamiento, hemos visto en la televisión estanterías llenas. ¿Aun con todo faltan más libros en las casas?

Me ha gustado mucho que las librerías y estanterías llenas de libros se hayan puesto de moda en la televisión, aunque hay que entender también los problemas de espacio que hay en los pisos pequeños. Lo que uno lee marca mucho la personalidad. Ojalá se vuelva a esa idea más decimonónica de que cada uno tenía su propia biblioteca, donde guardaba los libros que significan algo importante. Hay que volver a los libros, porque todo lo audiovisual nos está afectando, e intentar hacer un parón para disfrutar de la lectura, porque sino como sociedad vamos en mal dirección.

¿Encuentra similitudes entre la era de la imprenta y la era digital o no tienen nada que ver?

¡Tienen muchas! La biblioteca de Hernando Colón anticipa un buscador de Google. Por primera vez, se puede buscar información en una biblioteca, antes no era así. Hernando Colón quiere libros útiles y para poder utilizarlos, hay que ordenarlos primero y clasificarlos después para poder acceder a esa información. Con Internet hemos ido un paso más hacia adelante en ese concepto de una biblioteca infinita. Hernando Colón quería una biblioteca donde estuvieran todos los libros del mundo. Ahora ya la tenemos, ahora está en el ordenador.

¿Qué comentarios le están llegando del Mercader de libros ahora que lleva unos meses en las librerías?

La verdad es que muy positivos. Salió en el peor momento, tan sólo un par de días antes del estado de alarma y no hemos podido hacer ninguna presentación. La semana pasada hice la primera firma (en la Librería París de Zaragoza). Yo creo que la novela está gustando, porque hace una reflexión del mundo del libro; te trae a la actualidad clásicos y te descubre lo importante que son. El esfuerzo intelectual de leer un libro no tiene nada que ver con ver una película. Yo soy muy contrario a llevar las novelas al cine. Carlos Ruiz Zafón nunca quiso que se llevara sus novelas al cine, porque una vez que va al cine te quedas con la imagen de la pantalla y te olvidas del libro. Espero que no las lleven.

¿Va a reanudar las presentaciones?

Creo que todavía es muy pronto para una presentación en un espacio cerrado. Firmas sí que habrá, pero para las presentaciones hay que esperar un poco más, a después del verano. En una presentación hay mucho contacto físico, la gente pasa a saludarte, etc…

¿Lo echa de menos?
Sí, porque además hemos perdido las ferias y el Día del Libro que para los escritores es la máxima fiesta, y más el año en que publicas, que estás deseando compartirlo con los lectores. Hay que esperar a la Feria de Madrid y Zaragoza que serán en octubre.

¿Cómo la va la restauración del castillo de Bulbuente?

Vamos muy bien. Queríamos haber abierto una parte en agosto, pero como hemos estado parados, nos hemos retrasado, aunque este año tenemos que abrir ya la zona más turística. Es un proyecto para muchos años, porque el estado era desastroso. Hemos podido salvar el edificio y ponerlo en valor. Estoy deseando terminar la restauración y recibir a los primeros.

¿Ha echado el ojo a otro castillo o ya es suficiente con dos?

(Risas) Es suficiente, porque son proyectos a años vista. En realidad, son proyectos de vida, porque queda también disfrutarlos y porque son edificios que necesitan un trabajo continuo. Realmente nunca terminas, siempre hay cosas que hacer.

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