Entrevista con...

María Villaroya, autora de ‘10001 amigas ingenieras’: “Los equipos diversos son los que obtienen mejores resultados”

Narrar en primera persona la historia de diecisiete ingenieras para que en unos años sean muchas más. Ese es el propósito que esconden las páginas del libro ‘10001 amigas ingenieras’ coordinado por la científica de la Universidad de Zaragoza María Villaroya. Una publicación que surge de la iniciativa ‘Una ingeniera en cada cole’ de AMIT_Aragón que desde 2016 ha llegado a 3.000 alumnos/as de colegios aragoneses y que ahora, en tiempos de pandemia, se convierte en libro para que las niñas tengan referentes cercanos donde mirarse. Villaroya, doctora en Ingeniería Informática, los tuvo en su propia casa y los siguió buscando a lo largo de su carrera profesional. “Queremos que haya equipos diversos compuestos por hombres y mujeres, porque está demostrado que los equipos con más diversidad son los que obtienen mejores resultados”, afirma en esta entrevista.

Sin embargo, la realidad es bien distinta. Pese a que las mujeres son mayoría en las aulas universitarias desde hace ya cuatro décadas, apenas representan un 25 % en las carreras tecnológicas. Un riesgo que las sitúa por detrás en igualdad de condiciones ante un futuro donde los empleos tecnológicos serán los más demandados y, por tanto, los mejor remunerados, según la Comisión Europea.

El libro recoge la historia escrita por 17 mujeres que llegaron a ingenieras. ¿Cómo fue su caso?

Mi caso es singular, porque mi abuela fue química, mi padre es matemático y mi madre, historiadora. Ir a la Universidad, en mi caso, no era una posibilidad, sino un camino casi seguro. Desde pequeña, yo jugaba con las matemáticas y números y he visitado museos de ciencias. Siempre que hemos podido, hemos experimentado en casa con poliedros, construcciones… Estudié Física, no hice una ingeniería porque probablemente no sabía lo que era. Cuando acabé, como necesitaba hacer cosas prácticas, hice un doctorado en Ingeniería Electrónica.

Es decir, es una mujer que sí ha tenido referentes científicos…

Sí, y lo más importante, referentes muy próximos. Mi madre, como historiadora, ya se preocupó de que buscase los referentes femeninos que no aparecían en los libros de texto. Recuerdo una anécdota: cuando estaba en 8º de EGB, nos encargaron un trabajo sobre diez personajes históricos que aparecieran en el libro y yo elegí diez mujeres, no había muchas más. Había muy poca información de ellas en las enciclopedias de entonces, cuando han hecho muchas cosas. Afortunadamente, ahora cada vez hay más opciones de saber qué han hecho esas grandes mujeres.

Este libro surge del programa escolar ‘Una ingeniera en cada cole’. ¿Qué han encontrado en las aulas? ¿Tienen las niñas mayor interés por la ciencia?

Yo voy con una actitud positiva, porque lo que quiero es emocionarles con lo que hago y que sepan que ellas lo pueden hacer también. Les contamos por qué estamos ahí, por qué hemos elegido estudiar esto, lo emocionante que es descubrir y fabricar algo. Les hablamos de inventos tecnológicos próximos a ellos inventados por mujeres, como Hedy Lamarr, que inventó la wifi o la precursora del libro electrónico, Ángela Ruiz. Que vean ejemplos próximos de cosas que utilizan todos los días.

¿Y cómo reaccionan?

Con sorpresa, porque no se imaginan que ellas también pueden hacer esas cosas. También les hablamos de la importancia de la diversidad porque lo que queremos es que haya equipos diversos, que haya hombres y mujeres, no que seamos minoría. Les explicamos que los equipos más diversos son los que tienen mejores resultados, porque eso es así, la diversidad de visión es la que te lleva a ser más constructivo.

¿A cuántos colegios y alumnos han llegado?

Empezamos en el año 2016 con 70 ingenieras y casi 700 alumnos de Primaria, y eso ha ido creciendo. En 2019 participaron 3.000 estudiantes de Primaria y las previsiones para el 2020 era llegar a las 5.000 niñas y niños de los colegio de Aragón. Una de las cosas que tiene esta actividad es que, desde el primer momento, se ha hecho en las tres provincias aragonesas y en municipios grandes y pequeños.

¿Veremos estos frutos más adelante? Lo digo porque ahora mismo, aunque las mujeres son mayoría en la Universidad, sólo representan el 25 % en las carreras STEM. ¿Por qué cree que ese porcentaje sigue siendo tan bajo?

Las mujeres son mayoría en la Universidad desde los años ochenta, es decir, llevamos cuatro décadas completas con mayoría de mujeres en las aulas. La realidad es que hay titulaciones muy masculinizadas y otras muy feminizadas, y ni una cosa ni otra es bueno. Lo que ocurre en Ingeniería es que no se supera nunca el 30 %, que es la barrera que en Sociología se distingue como minoría. Es verdad que no ocurre en todas las titulaciones. En Ingeniería Química el porcentaje es del 50 % desde hace tiempo y hay otras, como Telecomunicaciones o Informática, que han bajado de un 30 % de hace unos años a un 15 % o un 10 %.

¿A qué lo achaca?

Principalmente a varias razones. Al desconocimiento de la profesión y a la falta de modelos y referentes en libros de textos y en su entorno cercano. Los modelos que se transmiten son personas antisociales o frikis, y no es así. Cada vez más, el trabajo de investigación y de desarrollo tecnológico se hace en equipo. Lo que ocurre también, sobre todo en carreras científico-tecnológicas, donde hay menos mujeres, es que una de las herramientas fundamentales son las matemáticas, una asignatura sobre la que hay que cambiar la percepción de los niños/as.

Como investigadora en la Universidad, hemos hecho distintos estudios sobre las causas y hemos detectado que en Infantil no encontramos diferencia entre niños y niñas en la atracción por la tecnología, sino que es a partir de Primaria donde empieza esa brecha. En una encuesta, vimos que las niñas sentían que las matemáticas se les daba peor y se ponían más nerviosas cuando sus resultados académicos eran buenos. Lo más relevante de este estudio es que el profesorado nunca o casi nunca había notado que las niñas sentían que se les dan mal las matemáticas. Para mí eso es un problema.

¿Por qué ocurre esto?
Por el estrés que supone llegar al resultado y por lo que transmiten también muchas personas adultas que aseguran que las matemáticas se les dan mal cuando cualquier cosa que se te de mal, con entrenamiento, se consigue mejorar. Hay que tener en cuenta también que la tecnología va a formar parte de tu vida, que hay que manejarla bien para que tú seas dueña de la tecnología y no al revés. Para eso hacen falta las matemáticas. Al igual que la Lengua, es una herramienta básica para el desempeño personal y profesional.

La Comisión Europa estima que habrá un millón de empleos relacionados con la tecnología en un futuro, pero son pocas las mujeres que se forman en las carreras STEM. ¿Corremos el riesgo otra vez de quedarnos atrás y no acceder a los trabajos de mayor calidad y mejor remunerados?

Claro, eso es así. Si hay una gran demanda de profesionales, el mercado va a pagarlo bien. Les pagará a ellos y no a ellas, si no se forman. Las empresas deben trabajar también por la inclusión. Hay que hacer un pequeño esfuerzo para que no haya este abandono que se está produciendo y evitar el ‘Efecto Matilda’. Que se reconozca el trabajo que hacen las mujeres, que seamos conscientes de que no atribuimos el trabajo científico a ellas y que eso que ha pasado a lo largo de la historia sigue pasando en la ciencia todavía.

¿Tiene algo que ver también el poco interés de la sociedad por la ciencia? ¿La pandemia nos ha hecho valorarla más?

Hace quince años apenas había eventos de divulgación científica. Ahora hay muchos más, organizados por Universidades, asociaciones, centros de investigación, y esto es importante, que contemos nuestro trabajo y sea entendible a la sociedad. Estamos acostumbrados a exponerlo en congresos científicos, pero hay que adaptar el mensaje a quien nos escucha. Escribir un libro para que niñas y niños de a partir de seis años lo entiendan ha sido también un reto para nosotras.

La crisis sanitaria también ha acelerado el proceso de digitalización a todos los niveles…

Sí, hay una brecha enorme en el uso de las tecnologías y una brecha en el impacto que estas tienen. Tenemos teléfonos inteligentes que nos permiten estar conectados, pero tienen muchísimos riesgos. Todas las plataformas gratuitas lo son, porque nuestra información personal es muy útil para ellos, pero debemos saber que en manos equivocadas pueden hacer mucho daño. Hay que saber que las contraseñas nunca se comparten con nadie, ni con tu pareja, solo si es menor porque tenemos la obligación de controlar lo que hacen y educarles a distinguir lo bueno y lo malo de Internet, eso es formación digital, pero falta muchísima formación digital con lo que se comparte.

Hablaba antes de cómo su familia le transmitió conocimiento y cómo eso le influyó a la hora de elegir una carrera. ¿Hemos desterrado ya de las casas la frase: ‘cómo vas a estudiar eso si es una carrera de chicos’?

Me gustaría decirte que sí, pero probablemente la respuesta es no. En mi casa eso no ha ocurrido jamás, pero nos hemos encontrado con alumnas a las que sí se lo han dicho. No hay carreras de hombres y mujeres, hay carreras para las personas y hay intereses diversos. Cuanta más diversidad, mejor, en todos los campos. Durante cuatro años fui directora de la Observatorio de Igualdad de la Universidad y me preocupaba tanto el bajo porcentaje de mujeres en carreras técnicas como el de chicos en Magisterio Infantil o Enfermería.

¿Es pues un libro también necesario para madres y padres?

Sí, está escrito para niños pero es para pequeños y grandes.

Hablamos de niñas sobre todo, pero también es importante que lo lean los niños, que rompan con esos estereotipos desde pequeños para avanzar hacia una sociedad igualitaria.

Sí, totalmente. El mensaje es para niños y niñas y mujeres y hombres. Alcanzaremos la igualdad cuando hombres y mujeres seamos sensibles, cuando seamos conscientes de las desigualdades históricas que nos afectan y cómo tenemos interiorizados muchísimos estereotipos de comportamiento que no nos permiten evaluar de forma neutra a hombres y mujeres, y no nos permiten poner a cada persona en la responsabilidad y el reconocimiento que merecen.

¿Qué sugiere el título del libro? 10001 ingenieras son más de las diez mujeres que encontró en su libro de texto…

Hay muchos juegos de palabras, también hay muchos juegos de números. Estos son la base de la ingeniería y la mayoría de nosotras nos dedicamos a la informática. En estos momentos, los ordenadores son una herramienta clave para cualquier profesión y hay que saber cómo funcionan. No desvelo nada porque está explicado dentro del libro, pero podemos decir que jugamos con los números.

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