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Rosa Montero: “Tenemos la capacidad y la obligación de ser felices pese al dolor”

La escritora Rosa Montero (Madrid, 1951) cree profundamente en la capacidad de “reinvención” del ser humano. Lo ha comprobado en numerosas ocasiones a lo largo de su vida y lo ha plasmado también en su última novela La buena suerte, su obra más luminosa, como ella misma la define, pese a relatar en sus páginas el horror con mayúsculas. Pero Montero sabe que el dolor existe y existirá, y que pese a él, “tenemos las capacidad, la posibilidad, incluso la obligación, de ser felices”.

Esta es una de las reflexiones que ha dejado en la conversación mantenida con la directora de la Biblioteca Nacional de España, Ana Santos, en este Martes de libros de la Fundación Ibercaja. Por indicación de Montero – ambas son amigas- , Santos ha huido de la típica presentación oficial que repasa la trayectoria y la retahíla de libros de la autora, y ha ido al fondo de ella. “Siempre dice que escribe porque tiene miedo a la muerte y teme el inexorable paso del tiempo, algo que me sorprende porque ella es una de las personas que más ama la vida, que más es capaz de disfrutar de la vida”, ha asegurado Santos. “Miras la vida con ojos asombrados y lo conviertes en palabras”, le ha dicho para introducir su primera pregunta sobre el proceso creativo, esa capacidad de convertir el aliento semántico en algo que perdura, en palabras de Emilio Lledó, y que, según Santos, no todo el mundo tiene. “Ese don lo tiene poca gente y es una obligación moral devolverlo a la sociedad”, ha remarcado.

Montero ha reconocido que los escritores tienen una capacidad innata, aunque a ella le interesan los que luchan contra esa facilidad para intentar aprender más, y mucha empatía. Porque al final, escribir una novela es “hacer un viaje al otro” y a Montero le gusta muchísimo la gente, como ha reconocido. “Todos somos iguales, y es verdad, y todos somos diferentes , y es verdad. Dentro de cada uno de nosotros estamos todos porque todos tenemos una esencia común, pero todos tenemos una manera peculiar de estar en la vida”. A ella le fascina explorar esa parte común y esa parte particular.

Sus novelas empiezan a formarse en su cabeza con “una imagen” que emociona, turba y, sobre todo, genera mucha curiosidad. “Yo esto tengo que contarlo, compartirlo y saber más”, ha apuntado. Es entonces cuando durante un año empieza a anotar ideas en sus cuadernos pequeños, siempre blancos sin cuadrícula y siempre con su pluma estilográfica. Cuando ya tiene la arquitectura armada, pasa todas esas notas a unos cuadernos más grandes, hace mapas con las trama y los personajes, combina los capítulos como si fueran piezas de un puzzle y, finalmente, comienza a escribir durante otro año más. “Es entonces cuando aparecen personajes porque la novela es un bicho nuevo hasta el final”. Estos apuntes que documentan el proceso creativo de una de las autoras españolas más leídas ha sido donado por Montero a la Biblioteca Nacional de España, algo que valorado enormemente su directora.

La creación literaria tiene también un poder redentor en una situación de miedo y soledad, como ha indicado Santos para recordar una de las experiencias más maravillosas que ha dejado la pandemia. Para levantar el ánimo, Montero decidió hacer encuentros en vivo con sus lectores en las redes sociales, que rápidamente se convirtieron en talleres de escritura creativa seguidos por entre 300 y 900 personas, y cuyos vídeos a posteriori registran hasta 20.000 visitas. Lo más sorprendente, según la autora, es que todos esos lectores, de 23 nacionalidades distintas y husos horarios diferentes, han conseguido organizarse entre ellos sin conocerse de nada y publicar en dos libros- uno en papel y otro en digital- los cuentos surgidos de esos talleres. “Estaban todos entusiasmados en medio de la negrura”, ha apuntado Montero, quien ha recordado aquella frase de “el arte es la herida hecha luz”. Quizá, su próximo tatuaje, ha dicho, y ya tiene unos cuantos.

Esa esperanza pese al dolor se respira también en ‘La buena suerte’, que es una «novela de vida» pese a la dureza de lo que se cuenta.

“Creo en la capacidad de adaptación y reinvención del ser humano. Mis novelas, muchas, son un camino de la oscuridad hacia la luz”, ha afirmado Montero, quien subrayado que el ser humano «está más hecho para el bien que para el mal, por eso nos horroriza tanto el mal” . La buena suerte (Alfaguara) es una intriga muy apretada, un thriller, donde el protagonista decide bajar del AVE en el que viajaba en el lugar más horrendo que existe. El motivo de su decisión abre muchas hipótesis que se van despejando en una novela que tiene, sin que eso suponga desvelar mucho, un final esperanzador.

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