Entrevista con...

El cómic ‘Señoría Labordeta’ refleja la intrahistoria de ocho convulsos años en el Congreso que “seguro merecieron la pena”

En el décimo aniversario de la muerte de José Antonio Labordeta la fundación que conserva su legado sigue encontrando nuevas formas de abarcar las muchas facetas que tenía el cantautor aragonés. Esta vez lo hace con un tebeo para centrarse en su lado político, en los ocho años que representó a los ciudadanos desde un escaño en el Congreso de los Diputados.

El Teatro Principal de Zaragoza ha acogido este lunes la presentación de ‘Señoría, Labordeta’, en un acto entrañable y cercano, como siempre que se recuerda a Labordeta, en el que el guionista, Daniel Viñuales, ha firmado libros junto a Carlos Azagra, el dibujante, y Encarna Revuelta, quien se ha encargado de poner color a la obra.

Faltaba su viuda, Juana de Grandes. No porque estuviera convaleciente, al contrario, está como “un roble”, como ha anticipado su hija Paula, despejando dudas. Simplemente la familia ha preferido “salvaguardarla” y no exponerla en un tiempo de pandemia debido a su edad. Como ella, han faltado también otros que suelen ser habituales, lo que no ha impedido que el aforo con sillas, dispuestas con las distancias de seguridad, se haya llenado.

“Gracias por estar en un momento tan convulso”, ha comentado Paula Labordeta, quien ha explicado a continuación cómo surgió la idea de hacer un cómic. En la fundación se dieron cuenta de que pese a los congresos, discos, libros y entrega de premios que promovían, había una generación a la que no estaba llegando la figura y obra del escritor. Deciden entonces publicar ‘Tebeo Labordeta’ con la vida del polifacético aragonés, desde que nace hasta el comienzo de su enfermedad, y continuar después con ‘Señoría, Labordeta” que narra esos ocho años convulsos de vida política que «seguro merecieron la pena», basándose en el libro autobiográfico Memorias de un beduino en el Congreso de los Diputados.

“Yo vivía en Madrid por entonces y mi padre se viene a vivir conmigo. Había días que llegaba cabreado y triste después de muchas horas de trabajo y me decía: coge al perro y vamos a pasear por Madrid”, ha recordado Paula con emoción. Precisamente, un Labordeta paseando a un perro y mirando desde lo alto la ciudad a sus pies es la imagen de la contraportada de este cómic que se cierra con el epílogo de Paco Pacheco.

Pacheco fue su secretario, coordinador, asesor… en el Cámara Baja, más bien su “brazo derecho o izquierdo”, quien le ayudó en la ingente tarea de esos años en los que presentaron 8.900 iniciativas parlamentarias. Un trabajo que fue posible a la labor de muchas otras personas que estaban detrás, a los concejales de muchos pueblos que hacían llegar sus reivindicaciones para que él las trasladara en Madrid.

El cómic recoge esa “intrahistoria”, lo que hay detrás de bambalinas, y lo cuenta de una manera brillante, ha indicado Pacheco. “Han hecho magia porque han condensado ocho años y lo han hecho con mucha gracia, tanta que hasta a mí, que lo viví en primera persona, me ha resultado interesante”, ha aseverado.

Y en esta historia aparece también el famoso «¡a la mierda!”, aunque no era esa la intención del guionista que, en un primer momento, descartó la idea para después acabar incorporándola. Ese «¡a la mierda!» que, en esta situación atípica, dan ganas de volver a decir con la misma rabia, ha comentado Viñuales. Entre las páginas, el guionista ha resaltado una doble sin texto, una plaza del Pilar abarrotada para reflejar unos años de reivindicación. “Necesitamos ponernos en marcha de nuevo”, ha apuntado rememorando esa energía.

Y para los que no se ven en el tebeo, pero sí se reconocen en la historia, en la última página aparece un nutrido grupo. “Si alguno no se encuentra, en la última página hay un montón de gente”, ha concluido entre risas.

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