Presentaciones

Sergio del Molino o el “hacedor de croquetas” de la escritura

“Sergio del Molino lo ha vuelto a hacer; ha descubierto lugares donde los demás sólo veíamos tierra anodina”. Con estas palabras, Iguázel Elhombre ha comenzado la presentación de la obra La Piel en la librería Cálamo a través de un streaming que ha llegado a congregar a más de ochenta seguidores. A distancia, en conversación con su lectora y amiga, el autor ha reflexionado sobre una obra que vuelve a destilar el estilo “delmoliniano”, caracterizado ya por la “elegancia la escritura, el humor y la carencia de solemnidad”.

Desde su casa, delante de una librería en la que aparecían algunas de sus obras, Del Molino se ha definido a sí mismo como un “hacedor de croquetas”, como un escritor que aprovecha los deshechos y materiales en los que nadie se fija para hacer literatura como si hiciera “cocina de aprovechamiento”. En esta ocasión, selecciona a personajes con psoriasis, a “monstruos” como él los llama, para tomar conciencia de su propia enfermedad y hablar de la piel como un órgano del cuerpo, como un “territorio de frontera” al que no se le presta atención y, sin embargo, es “muy importante”. “Por culpa de la piel se definen identidades y se originan sociedades”, ha manifestado el escritor, quien reconoce estar “aprisionado en una piel enferma que no le deja en paz”.

La casualidad ha querido que el libro vea la luz en un momento en el que la enfermedad se ha erigido sobre todas las cosas imponiendo una distancia social en la que Del Molino ya está curtido. “Yo mismo para ahorrar ese trago a los demás (por su psoriasis), he mantenido un círculo de seguridad en torno a mí”, ha apuntado el autor, a quien, reconoce, no le gusta la “gente sobona”. Quizá su enfermedad esté detrás de esa actitud distante o de esa forma despegada con la que mira las cosas, de “refilón y de soslayo”. “Lo estoy improvisando ahora mismo pero quizá mi enfermedad tiene que ver con esa incapacidad de acercarme demasiado a las cosas o de esa forma despegada que tengo que no termino de tomarme en serio las cosas”, ha abundado.

Esa distancia, en cambio, no la guarda con su lector, con el que mantiene en sus libros una conversación íntima, hablándole como a un amigo o cómplice al que se toma muy en serio y ante el que no le da pudor desnudarse.

De hecho, La piel es un libro también muy erótico o, como lo ha definido el autor, lúbrico. Él no se había dado cuenta de ese matiz hasta que sus lectores se lo han hecho ver, y ahora reconoce que el libro sí tiene “mucho sexo contenido”, algo que, por otro lado, ve “inevitable” porque “si hablas de la piel cómo no vas a desembocar en eso”, indica. Y en este plano, el autor, con su generosidad habitual, también se expone ante el lector y lo hace sin reparos ni pudor. No hacerlo, sostiene, habría sido “un fraude”.

Del lado más íntimo el libro pasa al plano social de la piel para hablar de racismo, algo que el ser humano se ha inventado hace relativamente poco, subraya. Y lo hace a través de un capítulo “chusco”, el negro de Banyoles, un botsuano disecado que se exponía en un museo de historia natural sin causar apenas estupor.

De todo ello, y mucho más, habla Sergio del Molino en su último libro de la editorial Alfaguara que se encuentra ya en todas las librerías españolas y que inicia ahora su tercera edición, como ha anunciado el autor de La España vacía en la propia presentación.

La piel envuelve al ser, y al final da pie a hablar de casi todo como se ha demostrado en el turno de preguntas. ¿Cómo tiene la piel la sociedad española?, le han preguntado. “Dura como las bestias de carga”, ha contestado Del Molino. “Hay mucha gente escandalizada con que algunos no han cumplido, pero a mí me sorprende lo contrario, el unánime seguimiento de las órdenes del Gobierno. En un país de 47 millones de personas, era esperable que costará un poco más. Ha habido una obediencia superior a la de otros países y eso habla de cómo tenemos cuarteado el lomo”.

Cuando ha terminado la presentación en streaming, el autor se ha acercado a la Librería Cálamo, esta vez en carne y hueso, como a él le gusta, para firmar ejemplares a los lectores previsores que han solicitado cita. Ahora, las firmas de autores también van con cita previa.

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