Entrevista con...

Sergio Royo: “Todos los ‘de repentes’ de la vida nos pillan en ropa interior”

Los diecinueve relatos que conforman Y de repente esta lluvia (Pregunta) se entrelazan en la mente del lector como si fueran un único cuento. Lo hacen guiados por personajes que, aunque con experiencias vitales diferentes, comparten un mismo denominador común: todos buscan mecanismos para salir adelante cuando las cosas no van todo lo bien que querrían.

El escritor Sergio Royo (Zaragoza, 1991), autor también de El dolor del cristal y Viviendo en tiempo brutal, cierra con esta tercera publicación una especie de triología o un círculo plagado de amor y desamor, y se consagra como un autor experto en este género literario con el que captura sus “ideas repentinas”. Al final, apunta, “todos somos una suma de ‘de repentes’ para los que no siempre estamos preparados». “Siempre hay de repentes que nos pillan mal y tenemos que buscar mecanismos para lidiar con ellos”, afirma en esta entrevista, en la que también habla de su faceta de profesor y del colegio en tiempos de pandemia.

Y de repente esta lluvia es su tercer libro de relatos, ¿también lo será el cuarto?

La idea es que no sea un libro de relatos, sino una novela, que estoy haciendo poco a poco, aunque el género de relato me llama mucho, así que tampoco lo descartaría al cien por cien, pero la idea ahora es que sea una novela.

¿Qué le aporta este género literario?

La inmediatez en el sentido de que te metes en una historia y lo das todo con esa historia. Al hilo del título, es como una idea repentina que tienes que capturar; es sobre todo inmediatez. Para hacer un relato puedes aprovechar una idea en tres o cuatro días, mientras que la novela necesita constancia y te acompaña más tiempo.

Confiesa que en la escritura encuentra la felicidad o al menos una sensación grata de satisfacción. ¿Por qué cree que las letras tienen ese poder?

Seguramente eso no es sólo aplicable a la escritura, sino a todo proceso creativo en el que te sientes cómodo. Es la sensación de tener un lugar en el mundo. La literatura, en ese sentido, es muy terapéutica porque en un determinado momento te pones a hacer algo que sabes que te va a hacer sentir bien. Esos minutos después de haber escrito algo que te gusta son maravillosos.

¿Estamos preparados para lo que llega de repente, sin avisar? ¿ O nos falta preparación?

Yo creo que nunca estamos del todo preparados. Creo que todos los ‘de repente’ nos pillan en ropa interior y tenemos que buscar alternativas para sobrevivir a ese ‘de repente’ que creo que es lo que hacen los personajes. Esa concepción de que somos una suma de ‘de repentes’ es cierta, pero siempre hay ‘de repentes’ que nos pillan mal y tenemos que buscar mecanismos para lidiar con ellos.

¿Cuáles serían esos mecanismos o esas alternativas que buscan los personajes y que nos podemos aplicar a nosotros mismos?

Hay una cosa que es el humor, no un humor de carcajear, sino un humor condescendiente, de aceptar que las cosas no son siempre como queremos. La ironía es también un refugio cuando las cosas no funciona muy bien o utilizar las historias que te han sucedido para construir más historias. Todos son recursos que utilizan los personajes y que utilizamos también nosotros en la vida; el rehacer, el contar de otra manera, el levantar los hombros un poco y decir: «bueno, esto ha sucedido, tengo que buscar maneras de seguir».

¿El amor y el desamor también es algo repentino?

¡Qué buena pregunta! Yo te diría que sí. El flechazo, en el caso del amor, sí que existe, pero en cuanto al desamor no lo tengo tan claro. Quizá sean pequeñas gotas que van sumando, no creo que sea tan repentino como el amor que, en mi opinión, sí lo es.

Ha escrito mucho sobre el amor y el desamor, es el gran tema de sus relatos, pero, permítame una osadía, es muy joven para acumular tantas experiencias. ¿Cómo lo ha hecho?

Creo que hay mucho de observación. Si algo me define como escritor es tratar de ver mucho las historias que hay detrás de las personas que me voy cruzando. Más que contar lugares, me fijo mucho en los sentimientos. Nunca se es joven para escuchar experiencias, para ver las experiencias propias y para ver las historias que van rondando en las mentes de la gente. Para mí es mucho más fácil escribir de amor y desamor que sobre un relato marítimo.

¿A qué edad comenzó a escribir?

Empecé a escribir pequeños posts en redes sociales con 15 años y la gente los compartía. Pero el punto de inflexión fue el fallecimiento de mi abuelo. La noche anterior escribí un relato poniendo voz a lo que yo creía que él pensaba y, al día siguiente, las treinta copias impresas que había en el complejo funerario desaparecieron y la gente se emocionaba al leerlas. Ese fue el momento en el que dije: «voy a formar un libro con todas estas historias».

El sexo también está muy presente en sus relatos, también forma parte de la vida

Así es, creo que es algo que está en la vida de todos o que debería estar en la vida de todos. Creo que además es una experiencia evidentemente unida al amor, que es un tema que toco en muchos relatos. El sexo, en ese sentido, es algo que une porque cualquier persona puede pensar sobre esta realidad, que es muy de todos. Los que escribimos buscamos tocar temas que nos afectan a todos, al menos yo lo intento.

En el libro habla de un museo de las relaciones rotas. ¿Qué aprenderíamos de él si fuéramos a visitarlo?

Por un lado, aprenderíamos a no cometer esos errores, si queremos que la relación continúe y, por otro, asistiríamos a esas sumas de experiencias de momentos rotos. Cogiendo esos pedazos rotos podemos formar un todo de nuestra persona. Sumar experiencias puede ser beneficioso para darte cuenta de que lo que han vivido otras personas lo has vivido tú también y ser una historia más en ese museo. Creo que se puede aprender mucho de los errores ajenos.

En su carrera literaria, ¿qué supone este nuevo libro?

Quiero pensar que supone una consagración dentro del género del relato. Son mis cuentos más maduros, creo que es el asentar una voz. Es un libro que cierra un círculo o cierta temática y forma de escribir; supone un cierre. Yo esperaría que fuera una consagración y ha sido también una ilusión que haya podido salir, en estas circunstancias, y que esté teniendo tan buena acogida. Necesitamos más que nunca pequeñas ilusiones personales y este libro lo ha sido para mí. Una consagración y una ilusión.

¿Qué libros ha leído y descubierto este año en el que hemos estado recluidos en casa más tiempo?

Llevo una lista con libros que voy leyendo y este año he llegado a los 64, que es el número más alto. Siempre me guardo una cita y una imagen de cada uno de ellos. Este año he descubierto la literatura de Pedro Ugarte, un escritor muy consagrado en el relato corto, y estoy leyendo a Carlos Castán, que para mí es una referencia. Si tuviera que decir una novela, me viene a la cabeza el premio Tusquets Dicen los síntomas de Bárbara Blasco. Me parece estupenda.

Como profesor de Primaria, ¿ cómo has vivido el regreso a las aulas y la educación en tiempos de pandemia?

El reencuentro con los niños ha sido muy satisfactorio. Ver cómo han afrontado la nueva realidad, cómo se han adaptado, cómo hacen caso… Superan con creces al núcleo de población adulta. Dentro de que ha sido muy duro, el teletrabajo fue una experiencia que rozó lo traumático para mí porque toda la gracia de la enseñanza es el cara a cara. Para mí eso fue muy duro, pero te quedas con muchos aprendizajes de ellos, por ejemplo, cómo se han reeinventado.

¿Necesitaban volver al colegio? ¿Ha vuelto el ambiente escolar aunque de forma diferente?

Ellos lo necesitaban, aunque lo que tienen ahora es un simulacro de colegio, porque estaban acostumbrados a trabajar en grupo, a moverse mucho más todavía, pero creo que les ha venido muy bien y así te lo transmiten. La sensación es de felicidad, era necesario el regreso, aunque no haya sido un regreso al cien por cien.

¿Cree que les marcará de alguna forma todo lo que están viviendo?

Yo creo que les marcará de forma positiva. No lo tengo tan claro con los adolescentes porque les ha cortado ese momento de rebeldía, pero los niños creo que van a ser una generación muy madura, porque han vivido una situación insólita a una edad muy temprana. Sí que va a haber una generación, cuando menos, reflexiva y cuidadosa. Al menos es lo que veo y lo que me atrevería a decir.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *