Soledad Puértolas en uno de sus paseos diarios
Entrevista con...

Soledad Puértolas: “Echo en falta una comunicación más humana. Es todo muy tajante, más que reglas son órdenes”

Soledad Puértolas (Zaragoza, 1947) es una escritora incansable que encuentra en la escritura su refugio, también en tiempos de confinamiento. Esta crisis ha afectado a su estado de ánimo, pero no a su hábito de escribir porque tiene una rutina labrada durante años. En esta entrevista, que atiende por teléfono desde su casa en Madrid, se muestra preocupada por los “traumas” y las “consecuencias negativas” que un encierro prolongado tiene en el “seno de las familias y la sociedad”. Tampoco ve con buenos ojos la prórroga del estado de alarma, porque cree que existen otras fórmulas.

Reflexiona también sobre la comunicación empleada durante esta crisis, con la que se muestra muy crítica. “Es todo muy tajante, más que reglas son órdenes”, recalca, al tiempo que anima a la ciudadanía a exigir a los gobernantes, y también a la oposición, un lenguaje más humano.

Y de palabras habla también esta académica de la Real Academia de la Lengua Española desde 2010. Desconfinamiento, coronavirus, desescalada no están en el diccionario, pero pronto lo estarán, asegura, porque el lenguaje es “algo vivo”. Con ese propósito trabajan en la Academia y lo hacen de una forma novedosa, a través de Zoom. “Ha sido un milagro entender la técnica porque somos todos gente de edad”, apunta la escritora, una de las ocho mujeres que componen la institución por la que, en sus trescientos años de historia, sólo han pasado once académicas. Ninguna de ellas ha llegado a presidirla.

‘Coronavirus’ y ‘desescalada’ no están en el diccionario de la RAE, tampoco ‘desconfinamiento’. ¿Aparecerán pronto?

Estamos en ello, enseguida habrá un comunicado de la Academia. Espero que así sea, porque estamos estudiándolo y ese es el protocolo en una situación como esta, en la que hay incorporaciones o ampliaciones, como en la palabra confinamiento. Ahora mismo no está registrada la acepción que se ha impuesto, la del confinamiento en casa. Estamos teletrabajando y eso está resultando una experiencia nueva. No se puede improvisar y menos en estas circunstancias en las que estamos trabajando de forma no tan directa.

¿Serán definiciones provisionales?

Toda definición, en su propia esencia, es provisional. La definición no es definitiva nunca. El lenguaje cambia, evoluciona, y eso se ve en las sucesivas ediciones y versiones del Diccionario.

¿Esta situación ha demostrado que la lengua es algo vivo?

Claro, efectivamente. Cuando analizas la lengua siempre tienes que saber que no es un fenómeno terminado que ha llegado a una cumbre. No hay una cumbre, nos acompaña en nuestra vida.

¿El COVID o la COVID?

No lo sé, la verdad. No hay una clara determinación y tampoco nos hace demasiada falta. Ya se irá viendo. A lo mejor es una palabra que se queda o desaparece, pero podría ser indistinto. No se puede dictaminar si es ‘la’ o ‘el’. Habrá que ir viendo la proporción, es decir, si se ha dicho más una cosa u otra. Creo que es pronto todavía.

¿Qué le sugiere que la palabra ‘pandemia’ haya sido la más buscada en el diccionario de la RAE?

Es lógico porque no es una palabra que estuviera en boga. Nos parece que es de otro momento histórico, pero es lógico que la gente quiera saberlo. Son palabras que surgen en situaciones y se propagan, y que nos ponen en la idea de que la historia no es historia, sino que es presente.

¿Usted también ha vivido esta situación con perplejidad?

Pues sí, con perplejidad para empezar. Y, a partir de ahí, cada día he vivido una cosa porque al ser demasiado largo vas cambiando. Yo llevo mal la idea de confinamiento. Me parece una situación anómala que es muy perjudicial para ciertos aspectos del ser humano. Tengo desde el primer día muy metido eso. Parece que no tiene consecuencias y no nos damos cuenta de los traumas y las desigualdades que se producen en el seno de las familias y en el seno de la sociedad. Lo he vivido con una voz de alarma en mi cabeza.

Yo particularmente hago una vida muy confinada por otras razones, porque escribo y porque no tengo una salud de hierro. Llevo una vida muy retirada y puedo pasar mucho tiempo sin salir de la calle. Pero me gusta la idea de poder salir a la calle, me parece clave en la vida. Yo he podido organizarme bien, pero la idea no me gusta. Ojalá salgamos cuanto antes de esto porque no es bueno vivir con este miedo y con esa situación de no poder hacer aquello que más deseas, que es ver a los demás, tocar a tus nietos, abrazarles…

¿Qué es lo que más le ha llamado la atención?

El comportamiento bastante dócil que han tenido los ciudadanos salvo algunas excepciones, que es normal que las haya en una situación tan difícil como ésta. Sí me asombra mucho el comportamiento, que no es tanto un comportamiento de responsabilidad porque la responsabilidad implica una libertad, y aquí no la ha habido.

¿Quizá el miedo?

Sí, quizá el miedo. Este miedo a la enfermedad, más que al colapso sanitario que ha sido la causa fundamental del confinamiento. Pero quizá me impresiona que el miedo haga un nido en nosotros. Eso me horroriza francamente. Por fortuna, el ser humano tiene una capacidad de adaptación tremenda, pero me preocupa la huella que haya dejado esto y el daño que ya ha hecho. Sí que me preocupan los cambios sociales a negativo. Quizá soy un poco pesimista.

¿Cómo le ha afectado este encierro a la hora de escribir? ¿Se ha bloqueado o ha podido continuar?

Por fortuna, he podido seguir. Con el tiempo he establecido una rutina que es independiente del exterior. A lo largo de mi vida, he escrito en todo tipo de condiciones, con situaciones difíciles físicamente, con hijos pequeños… Para mí es mi refugio y lo tengo ahí, por fortuna, y eso lo agradezco porque puedo escribir, aunque puedo hacer muchas otras cosas porque soy muy solitaria. Puedo cocinar, puedo escuchar música…, aunque esta situación afecta mucho a mi estado de ánimo y emocional.

¿Ha escrito sobre el confinamiento?

Sí, si me han pedido algo concreto lo he escrito. Pero la verdad es que la idea de aislamiento estaba ya presente en lo que estaba escribiendo. Esta situación le ha dado mayor amplitud porque he tenido un elemento nuevo. Seguramente estará en lo escrito, aunque no sé si de una manera obvia o no.

Hemos pasado de mirar el reloj constantemente a olvidarnos de él, ¿Cree que este parón nos llevará a replantearnos nuestro de estilo de vida frenético?

Es que eso depende de a qué te dediques o la franja de edad. Las generalizaciones me parecen simples y esquemáticas. Yo, por ejemplo, normalmente no tengo un ritmo de vida frenético. En cambio, ahora el día se me hace corto. Tengo ahora más actividad que antes; antes vivía más tranquila. Ahora tengo reuniones con Zoom con la Academia, con la Biblioteca, con mis hijos, y llamadas con amigas que hacía tiempo que no hablaba… Ahora también los paseos. Casi me parece frenético esto.

Por lo que dice tiene el día muy bien organizado…

(Risas) No sé si organizado o desorganizado, pero frenético sí. Quiero recuperar mi rutina, antes era más tranquila. Ahora estoy muy pendiente del coronavirus, del confinamiento, de las noticias y de todo. Esto me ha implicado más. El frenesí puede venir de muchas partes.

Echa en falta una visión más humanista en esta crisis, ¿en qué cuestiones?

Sobre todo en la comunicación, no veo que la comunicación esté impregnada de un sentido más humano. Es todo muy tajante, más que reglas son órdenes. No me veo reflejada como persona en el planteamiento, no me veo. Veo una carencia. Eso sí que sería motivo de reflexión y creo que los ciudadanos deberíamos pedir un trato más complejo y una comunicación más humana. Sí que lo echo de menos, y creo que es un defecto de la clase política. Tenemos que empujarla también para que nos traten de una manera más humana, reconociendo también los errores. Que los gobernantes, también la oposición, sean como nosotros, gente humana, gente que sea capaz de conectar.

¿Ha faltado más empatía?

Sobre todo en el lenguaje que utilizan. En otros momentos, he visto personas capaces de transmitir. Tenemos una especie de deficiencia de comunicación humana. A lo mejor a la gente la parecerá bien, pero a mí hay algo aquí que no me gusta.

¿A lo mejor es el lenguaje belicista?

Pues no lo sé. Se podría analizar detenidamente y ver si es la manera de comunicar. Yo no soy socióloga y no lo quiero ser, pero verdaderamente hay algo que no me gusta.

¿Cree que estamos viendo ya la luz?

Ojalá. Yo la he visto un poco al salir a la calle. Pero, claro, todavía veo cierres. A mí no me gusta que se prolongue el estado de alarma, francamente. Creo que hay otras fórmulas y que no hay que abusar de la arbitrariedad que eso implica. Con el estado de alarma declinas muchas capacidades decisorias. Nunca me ha gustado en la vida y ahora lo estamos viendo.

¿Habrá novelas ambientadas en esta pandemia?

(Risas) ¡Ya lo creo! ¡Ríos de tinta!

¿Qué lleva ahora entre manos después de publicar ‘Música de ópera’?

Prefiero no decirlo porque estoy ultimándolo y son momentos de superstición. De momento, estoy contenta, estoy terminando algo a medio camino entre la novela y los cuentos. Tengo que tener unos días de reflexión. Entre tanto, estoy con un libro de ensayo, un proyecto que viene de muy atrás y que he retomado para centrarme en algo, porque me gusta tener la cabeza ocupada y no dedicarme sólo a ver las noticias.

¿Cómo están siendo esos plenos vía telemáticos en una institución tan antigua como la RAE?

Bien, asombrosamente participamos la mayoría. Es impresionante lo que hemos tenido que aprender, yo que soy negada para la técnica. Me pasé una mañana hablando con los informáticos, que son una gente impresionante con una gran paciencia, y nos ha enseñado a mí y a los demás. Ha sido un milagro entender las instrucciones porque somos gente de edad que no estamos hechos a esto. A partir de ahí, estupendamente. En definitiva, las palabras nos sirven para entendernos y están sirviendo. Están siendo unas reuniones muy positivas.

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