Presentaciones

Vilas sobre la nueva normalidad: “No podemos renunciar a recobrar la vida que teníamos antes”

En las presentaciones de sus libros Manuel Vilas (Barbastro, 1962) se muestra igual de sincero que en sus libros. Responde a las preguntas y se extiende en sus respuestas con la misma mirada cercana, y muchas veces perpleja, con la que primero siente y luego escribe. Esta tarde, en Los Martes de Libros de la Fundación Ibercaja, ha conversado con el periodista Ramón J. Campo, con quien se encontraba en los pasillos de Heraldo de Aragón cuando, con poco más de veinte años, era un colaborador del periódico, y a quien le une una misma experiencia: la «revolución» que le causó llegar desde un pueblo pequeño, en su caso Barbastro, a una ciudad grande que avanzaba con ganas hacia la modernidad. “La primera sensación de Zaragoza fue una sensación física, el viento. No entendía por qué hacía tanto ni la desproporción de ese poder natural”, ha expresado.

Manuel Vilas venía de una familia de clase media española, que como muchas en los años setenta, hizo lo que pudo y tuvo hijos que se “culturizaron”, lo que produjo una especie de “redención social”. Eso se reflejará también en el documental sobre la vida del escritor barbastrense del director Germán Roda, en el que participan también Pepe Viyuela y José Sacristán. Todos ellos, también Ramón J. Campo, son hijos de esa clase media española de la que Vilas habla en Ordesa y todos, también, eligieron una vocación artística (el teatro, el cine, la literatura o el periodismo), ante el desconcierto de sus padres, que no sabían si eso les daría para comer.

Precisamente Vilas ha contado hoy que decidió presentarse a unas oposiciones de profesor de instituto para ahuyentar “el miedo a morir de hambre y acabar pidiendo en una esquina” con el que vivió atemorizado desde pequeño debido a los problemas económicos y laborales de sus padres. Pronto sacó su plaza, la que le valió para decirle a su padre que ya no se moriría de hambre, ha apuntado entre risas. Pero hasta que no cumplió los cincuenta años no decidió dar un paso al frente, o un paso hacia el abismo, como ha matizado, para dedicarse enteramente a lo que quería: la escritura.

Ahora, tras ese paso y el éxito de Ordesa, y seguidamente de Alegría, con la que cerró ese círculo literario en el que hace de “medium” entre sus padres y sus hijos, disfruta de las mieles del éxito, aunque no tanto como le gustaría porque prefiere las presentaciones reales a las virtuales. Sobre esa nueva normalidad o sobre esa “degradación de la vida” que supone “estar siempre en alerta”, ha reflexionado mucho el escritor aragonés para indicar que no se puede renunciar “a recobrar la vida que teníamos antes”. Vilas entiende que ahora se debe cumplir responsablemente con las medidas que dictan las autoridades sanitarias, pero “sin dar por bueno que esto se va a quedar porque si no, estaríamos degradando la vida”.

“Si esta nueva normalidad se va a quedar mucho tiempo, habrá que buscar alternativas, porque a un ser humano no le puedes decir que viva con una vida degradada, una vida en la que vas con una mascarilla y no puedes abrazar, estar tranquilo o dar un beso a tu madre…”, ha afirmado.

Él, por su parte, ha entendido que ahora no se pueden hacer las presentaciones en las librerías, pero espera el momento en el que se puedan, y no con un aforo del 30 % sino con la librería “llena”.

De otro aragonés, Fernando Simón, gran protagonista de la pandemia, ha hablado también hoy el escritor, además de poeta, para defender la gestión “honesta” de un hombre que sólo aspira a hacer bien su trabajo «sin ningún interés político o de otro tipo». “Hay dos héroes en la vida pública del Covid-19: el ministro Illa (Sanidad) y Fernando Simón. A estas dos personas no se les puede tocar. La única obsesión que tenían era salvar vida y ayudar a la gente”, ha abundado. La politización que, a su juicio, ha sido excesiva se la deja a otros.

A Vilas le preocupa más que, ante un nuevo rebrote, los gobiernos vuelvan a utilizar de nuevo el confinamiento, una medida, en su opinión, “muy medieval”. “Hemos reaccionado al covid con Edad Media e Internet”, dice, y eso le lleva a pensar que ha faltado más tecnología para afrontar esta crisis, algo paradójico en un mundo occidental altamente tecnológico. “Hay tecnología para todo, sin embargo, no la ha habido para la pandemia. La reacción ha sido el confinamiento, una reacción medieval”, ha puntualizado.

Esta enfermedad es todavía muy desconocida y, en torno a ella, hay pocas certezas, pero lo que sí da por seguro Vilas es que habrá muchos libros sobre esta crisis. Son necesarios, a su juicio, porque no basta con la explicación científica. Para que el ser humano entienda lo que ha pasado tiene que verlo en un drama o en una historia, en el cine o en la literatura, como ha ocurrido con la II Guerra Mundial de la que se siguen haciendo todavía muchas películas y novelas. Él mismo ha metido también la pandemia en su nuevo trabajo. Era inevitable porque la “pandemia lo ha puesto todo patas arriba” y porque Vilas es un escritor que traslada al papel sus vivencias.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *